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martes, 27 de enero de 2009

Profundamente yo (Un poema)

Rosas isabelinas. De la tierra que mi mujer y yo trabajamos. Las he bautizado así en honor a ella, que a fin de cuentas es la que se encarga de las flores, yo intento hacer el resto de los trabajos "pesados".
He elegido las rosas para acompañar un pequeño y reciente poema mío. Espero que os guste, si no es así mandarme un comentario. Y si os gusta, mandarlo también.






Y la vida después... (Profundamente yo)


Del mar, las aguas
del cielo, las estrellas
de la vida, la muerte
del destino, la incertidumbre
y la duda.
Del amor ¡Quién sabe del amor!
Del amor, la sorpresa quizás
el desconcierto, la ilusión
las aguas, las estrellas
la incertidumbre
las dudas
y la muerte
y la vida después... la vida.
(Francisco Vila. A Coruña, 16 de Octubre de 2008)

martes, 23 de diciembre de 2008

La muchacha de la Casa Luna XV. Óleo de Fina Cajiao


Fina Cajiao, óleo.



¡Somos el puente al infinito, que se arquea sobre el mar, se arriesga por placer, vive misterios por la alegría de hacerlo... se pone a prueba una y otra vez, aprende a amar y amar y AMAR! Esto dice Richard Bach en su "autobiografico" Puente al infinito. Y estoy de acuerdo, sobre todo en aprender a Amar en todos los sentidos. Como Fina ama su pintura y así nos lo demuestra.







La muchacha de la Casa Luna

XV

Tenía el tamaño de una tarjeta de visita, pero no lo era. Había algo escrito en él:

Llamar sin falta a las 10:30 697079817 22/02/03

El papel tenía que pertenecer a quien había estado arrastrando un cuerpo en aquel lugar. Entre otras razones, porque estaba demasiado limpio. Y sobre todo porque la fecha que figuraba en él era la de aquel mismo día. Y faltaban quince minutos para las 10:30. Tenía que hacer algo y rápido. Inmediatamente.

- Rosetta, déjame tu móvil.

- ¿Qué ocurre ahora? ¿Qué vas ha hacer? – contestó ella-.

- Después te lo explico. Ahora necesito el teléfono y salir de aquí ¿Por cierto como se hace para ocultar el número del que llama?

Rosetta le cogió el teléfono, se lo preparó y se lo entregó de nuevo.

Ricardo esperó a que faltasen sólo tres minutos para la hora y marcó el número que venía en el papel. Sintió que todos los músculos de su cuerpo se tensaban cuando oyó la primera señal de llamada. Y la tensión aumentó al oír la segunda.

- ¿Andreu? ¿Eres tú? – preguntó una voz de mujer -. ¿Va todo bien?

- Todo limpio y recogido – contestó Ricardo -.

Había puesto la mano delante del teléfono para desfigurar la voz todo lo posible. Tenía que arriesgarse, seguirle la corriente. Estaba convencido de que aquella voz estaba preguntando si no quedaban rastros del asesinato de la muchacha. Sí, asesinato. Ricardo estaba cada vez más convencido de que aquello había sido un asesinato con todas las letras.

- Andreu ¿qué te ocurre en la voz? Te oigo muy mal.

Ricardo se dio cuenta de que tenía que justificar el cambio de voz del supuesto Andreu, si no, todo estaba perdido.

- Alguien está husmeando por aquí cerca y no quiero que me oigan – contestó sin apartar las manos del micro -.

- De acuerdo. Terminaré pronto. Ahora sólo tienes que encargarte del otro problema. Esos dos están resultando demasiado incómodos. Quiero verlos fuera de circulación cuanto antes. Y sobre todo ella. Parece tonta, pero es la más lista de los dos. Debray no es nada sin ella.

Ricardo sintió una punzada en el estomago y gotas de sudor frió comenzaron a bajar por su cuello ¿Qué estaba pasando? ¿Quiénes eran aquellas personas y por qué querían eliminarlos si no tenían nada que ver con aquella muchacha?

- ¿Me has entendido bien? Llámame en cuanta esté el trabajo liquidado ¿De acuerdo? – concluyó la voz de mujer-.

- ¡De acuerdo! – contestó Ricardo -.


Y entonces oyó que el móvil quedaba en silencio. Habían colgado. De repente comenzó a sentir que un temblor “in crescendo” se iba apoderando de su cuerpo. La tensión que había soportado durante la llamada, se iba transformando en algo totalmente distinto.

- Ricardo ¿qué te han dicho? ¿Con quién has hablado?

- Rosetta, esto no ha sido un suicidio, ni una muerte por sobredosis. Ha sido un asesinato – contestó él, cada vez más nervioso-. Y no me preguntes por qué, no lo sé. Lo que sí sé, es que alguien quiere matarnos. Pero tampoco sé por qué.

Rosetta lo miró con los ojos desorbitados y también empezó a ponerse nerviosa. Fue curioso, ella también empezó a temblar.

- ¿Quién… quién nos quiere matar? Y ¿Por qué? – balbuceó-.

(F. Vila. “La muchacha de la Casa Luna”, novela. A Coruña, noviembre 2005)

martes, 1 de abril de 2008


Qué más decir, simplemente otro día.


Aquí estaré cuando vuelvan


Dónde están las verdades del tiempo
dónde los augurios del viento
a dónde van las imágenes
los sonidos y los sentimientos.
De repente lo que fue, lo más grande
lo más cierto
se convierte, lo convierte la memoria
en lo más incierto.
Un mundo de brumas lo envuelve todo
lo aísla, lo borra
lo pienso y miento.
Me miento a mi mismo
le miento al tiempo
a los días de invierno
a los murmullos
y al cielo.
A los besos escondidos
a la vergüenza, al descaro
y al amor ciego.
Dónde están las verdades
las mentiras
los gritos y el silencio.
Dónde están los sueños
convertidos en pesadillas
de locuras y de miedos.
Dónde está la luz
la oscuridad y el cielo
dónde las estrellas
a dónde fueron
los amigos, los cigarrillos
la música
y los exámenes de Febrero.
Dónde están las excursiones
la misa del domingo
los viajes a la playa en el autobús
sobre el techo
y la vuelta en el tren
con la toalla, el bañador
y los restos del almuerzo.
Dónde están los recuerdos
a dónde han ido
se escaparon
simplemente huyeron
como el temple, el orgullo
la resistencia y el denuedo.
La sonrisa ha perdido el sentido
y los abrazos y los besos
olvidaron el cariño, las caricias
y el desvelo.
A la espera del retorno
de los días y los sueños
me duermo en un rincón
del salón de los desprecios
olvidado del destino, de la playa
y de los juegos.
Aquí estaré cuando vuelvan
me reclamen y me aleje
cabalgando en las alas de Pegaso
hacia el universo mágico de la Hipocrene.

Francisco Vila (“Estación de tránsito”. A Coruña, Diciembre 2005)