Gustave Moreau
Ha muerto otro poeta.
O quizás no ha muerto,
sólo viaja,
su destino: el infinito y las estrellas...
A Mario Benedetti, poeta
Francisco Vila, 18 de mayo de 2009

Sombrero verde, óleo.
Tus ojos
tu mirada
esa luz que ilumina tu sonrisa
cuando me ves
cuando me miras
¡Hola! ¡Buenos días!
¡Vaya, hoy algo te pasa!
tu mirada
esa luz que al final del saludo
ilumina mi sonrisa
da vida a mi vida
inaugura el regreso del recuerdo
del sabor de los besos
del calor de los abrazos
de la ilusión de dos palabras.
tu mirada
tu sonrisa
tu fresca y sincera sonrisa
tu ceja, arqueada cuando reclamas
atención , seriedad
un halago
un a ti siempre... , disimulado
un tal vez, quizás
sin mencionarlo.
O es simplemente la ilusión
de un iluso
que sabiéndose perdido
se aferra al sueño inalcanzable
de la ilusión más tenaz
cuando mirándome al espejo
me digo y me repito
¡No es posible, jamás lo ha sido!
ni ayer, ni hoy, ni mañana,
siempre seré
Peter Pan.
Se oyen voces a lo lejos:
¡Nueve brazas…! ¡Los bajíos!
¡Acantilado a estribor!
¡Con cuidado, la entrada se estrecha!
de historias y de sueños
que el mar se partía en dos
al tensado de cadenas.
mar tranquilo, mar salvaje
mar a fin de cuentas.
que en las noches de luna
y de estrellas
al partirse el mar en dos
se cubría de diamantes “la estrecha”.
que al final del cálido estío
ardían las aguas sobre la arena
con fuego verde de llama espesa.
con la tripulación de vuelta.
Al arribo del pesquero
que la lonja ansiosa espera
la mar se calmaba
las olas serenas
las aguas tranquilas
que embravecidas eran
descansaban entonces
bañando los muelles
de la ría entera.
mar tranquilo, mar salvaje
mar a fin de cuentas.
son cerberos de presa
que guardan la entrada y la velan
con cadenas de hierro y piedra.
Es al mar, a ese mar
al que guardan.
A esa ría y a los puertos
a quienes velan.
en tiempos de tormenta
mar de mis recuerdos
donde navegaron mis juergas.
Mar de puertos pequeños
de mil barcas, de cien veleros
mar de mi vida, de mis amigos
mar interior del mar abierto.
Y desde lo alto vigilante
como un faro entre tinieblas
una ermita lo ilumina
y cien mil almas lo desvelan
a esa mar
a mi mar
al mar
donde el Atlántico se estrecha.
Mar de “adentro”, mar de “afuera”.
Mar a fin de cuentas.
Francisco Vila ("Mi Mar", A Coruña, enero 2009)







