martes, 5 de mayo de 2009

A ti que habitas en la nada

Sombrero verde, óleo.
Lilla Cabot Perry, Boston (1848-1933)




La verdad es que estoy enfrascado en un libro de relatos, pero de vez en cuando los versos vuelven, retornan a mí y me es imposible evadirme de ellos. Por lo tanto dejo todo lo que estaba haciendo y escribo un poema que alguien, en otro mundo, en otra vida, en otra realidad paralela, me dicta. Y escribo y escribo, escribo siempre yo o mi otro yo, sinceramente, no lo sé.



A ti que habitas en la nada
que observas estática
desde el mundo onírico de los sueños.
A ti que sin decir palabras
desde el borde exterior del horizonte del silencio
me haces temblar de emoción
cuando te pienso
me haces temblar con sensaciones de amor y odio
cuando te siento.
A ti que estás ahí
y ya no estás por más que quiero
a ti te invoco desde lo más profundo de los tiempos
que un día fui y fuiste y fuimos
y sin saber cómo
desaparecimos de aquel universo de planetas
y estrellas y cometas que giraban sin descanso
que vagaban errantes el espacio
a ti te invoco y te pregunto sin respuestas
¿Por qué la noche acudió a tu silencio
obscureciendo el abismo insondable del universo de galaxias
y planetas?
¿Por qué la luz de miles de soles se apagó
en un ocaso sin retorno
en un ocaso sin remedio?
A ti que estás ahí ¡contesta!
que aunque sé que no hay respuesta
quiero que sepas que aún estoy aquí
habitando, solo, este universo
de galaxias
de estrellas y planetas.
Francisco Vila. A Coruña, abril 2009.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias Francisco por esos elogios tan gratificantes que plasmas en tus comentarios a mis poemas del Blog.
Es verdad que soy de los tuyos, pero...¿sabes desde cuándo? Desde que me dibujaste "La cocina de mis sueños" donde, según tú, te inspiras para escribir esos bellos poemas que yo no dejo de leer y a la vez, ese estudio tan profundo que estoy haciendo en la Universidad sobre los poetas de la Generación del 27. Eran fabulosos y apenas los conocía.
Tu libro de relatos debe ser muy interesante, pero por favor no dejes de escribir poemas. Un beso de Maruja Quesada.