miércoles, 21 de enero de 2009

Un poema, una tierra...


La tierra que yo trabajo, la que me da sus frutos, sus flores, sus satisfacciones. La que me compensa. Mi tierra.








Despierta niña


Alzó el vuelo, a la mañana, el viento
asomó la luz
el sol estiró sus brazos al cielo
las sombras y la noche
recostaron su descanso
en la orilla contraria al cansancio
y al sueño.
El trino de los pájaros se elevó
lento
el canto del gallo a lo lejos
despertó al corral
a las flores y al huerto.
Es la aurora que viene corriendo
gritó el ruiseñor alerta
es el aliento de la bruma
contestó el gorrión
son los dedos invisibles de la brisa
que descorren incansables a la niebla
cantó el jilguero.
Solamente es otro día
advirtió convencido el martín pescador
y en lo alto del monte
lo confirmó decidido el balido salvaje
del carnero.
La claridad y los brillos
retozaron sus destellos en la hierba
y las aguas de los ríos
mansas y tranquilas en la noche
a saludar al alba acudieron
alborozadas y ruidosas
navegando náyades y duendes.
Despierta niña de tus sueños
que la vida, de nuevo, está llamando a tu puerta
y como cada día insiste e insiste
que la atiendas, la acaricies
y le peines sus cabellos frente al espejo plateado
donde se reflejan
yu mirada aislada, su sonrisa
y mi silencio.
(Francisco Vila. "Despierta niña", poema. A Coruña, diciembre 2005)